RAFAEL CAUDURO

Rafael Cauduro pintor mexicano, nació en 1950 en la Ciudad de México. Realizó estudios de arquitectura y diseño industrial en la Universidad Iberoamericana.

UN HUESO DURO DE ROER

Para Rafael Cauduro no existe la tela en blanco, aunque sí la angustia de lo que quiere expresar y cómo representarlo. Rafael Cauduro verdad o mentira…. un pintor en busca de mentiras disfrazadas de verdad.

Semblanza

 

Obtiene su primera exposición en 1976 en la Casa del Lago, de la misma ciudad. En 1981 se inicia  profesionalmente en la Galería Misrachi, quienes lo representan y promueven a lo largo de varios años. En 1984 se presenta individualmente por vez primera en el Museo del Palacio de Bellas Artes.1986 dentro del Marco de la Expo Mundial Vancouver 86 realiza el controvertido mural Comunicaciones. 1985 inicia una relación profesional  con Alex Rosemberg Gallery en la Ciudad de Nueva York. Se une así mismo  en1988 con  la galería de Louis Newman. Es creador  en 1989 de los murales “Escenarios Subterráneos” en la estación del  metro de Insurgentes en la ciudad de Mexico. En 1991 se presenta individualmente  en el Museo de Arte Moderno y en la galería Tasende de los Ángeles California, en 1995. En 1996 expone en la Sala Nacional del Museo del Palacio de Bellas Artes. En 1997 se incorpora  a la galería Acquavella. En el año 2000 es invitado como artista residente en Pilchuck School of glass donde se involucra con el vidrio. Como resultado en 2001  la fabrica y galería Bullseye en Portland Oregon, lo invita a sí mismo como artista residente en sus instalaciones.  A principios del 2009 concluye para la Suprema Corte de Justicia de la ciudad de Mexico la obra  mural “Siete Crímenes Mayores”.

Sobre su obra hay que tener presente que:

 

Para interpretar la obra de Cauduro es necesario deducir que para el, vivir es aceptar la muerte, sin transición, solo el paso del tiempo se revela por sus huellas, deterioro, miedo a la vejez, la belleza perdida, destrucción y el reflejo triste del olvido. Estos elementos unidos a la locura, el dolor, y la sensualidad son motivaciones genuinas que promueven y mueven la creatividad y realidad de Rafael Cauduro. Una y otra obra se entretejen combinando la fuerza de su espíritu con la búsqueda incesante del asombro. Traza vida sobre los objetos en decadencia, permite que la muerte se revierta no en un segundo sino hasta el infinito. Una y otra imagen coexiste en una dualidad, verdad-mentira. Esta dualidad en igualdad de condiciones se convierte en una manifestación perversa dirigida a engañar y confundir al espectador como un alquimista que juega con la realidad.

El reto, el juego, el gozo camina conducidos de la mano cauduriana, se dirigen hacia una calle, pasan un viejo portón, viajando en un coche abandonado y casi destruido. Se detienen por un segundo y  dejan su huella con un graffiti sobre un muro, “Aquí estubo Cauduro “no podrá ni el tiempo, ni el viento, ni  un  trapo limpio borrar su paso, su paseo por el mundo de las realidades falsas. Las horas se posan  en un beso, en un abrazo  y queda inconmovible el sudor  de una pasión  contenida en un lienzo. De pronto Rafael voltea, mira,  contempla, extasiándose en la furia de la vida en movimiento, se recrea  entre  arrugas secas,  y  los surcos de una pared vieja. Persigue él oxido implacable de un grifo de agua. Las medias rotas de esa mujer retenida en los tiempos de dolor. ¿Cómo representar tantas y tantas sensaciones, que materiales que vehículos usar?. ¿Cómo plasmar en una oración, en una frase, el sentimiento que el Dios de su niñez imprimió?. Entonces, este, ante su “ Cristo Reciclado”, evoque  versos marchitos y casi olvidados;

Quinto: la destrucción, este paso es el más importante. Extrañamente, la destrucción para Rafael es la vida, la continuación de la misma en la muerte; destruye el lenguaje y aparece el artista limpio, llano, entero. No respira, no existe. Necesita destruir para continuar vivo.

La sexta etapa es de sombras y luces que procuran sensaciones y volumen, resulta pan comido.

La séptima: los personajes, estos dependen de su estado de ánimo, de la mujer que está dispuesto a amar, del erotismo, de la fantasía que lo atrae como un imán, del momento histórico que está viviendo; así, recrea a Cristo, a los ángeles que llevan a sus amigos de la mano, calaveras que nos dicen que aun la muerte vive. Colisiona coches y trenes enfatizando la rapidez de las horas sobre la muerte o la vida, al fin es lo mismo, la transición no existe solo el segundo entre un momento y otro.

Se entrelaza el trabajo que cada sección necesita, desde la investigación de los materiales, su durabilidad, la propiedad, resistencia, él para qué y cómo de su utilidad, la aplicación.

La tarea de concebir una obra es agotadora, solitaria, y para Rafael Cauduro es titánica, sufre en silencio. Se aísla en la búsqueda constante de algo que lo incite a crear, a plasmar sobre una tela algo que valga cada minuto de su existencia. La perfección es su delirio y su mal humor, el hastío de no poder lograrlo aún. Cada obra terminada representa la suprema satisfacción de capturar en un instante la insatisfacción de la muerte convertida en posibilidad permanente de inmortalidad.